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martes, 31 de mayo de 2011

Mi confrontación con la docencia

MI CONFRONTACIÓN CON LA DOCENCIA

El trabajo del maestro y la identidad docente representan un pilar clave en proceso enseñanza-aprendizaje, es por ello que, el presente trabajo representa una reflexión respecto a la aventura de ser maestro que conforma la primer unidad del módulo uno de la especialidad en competencias docentes para la educación media superior.
Inicié mi vida como docente hace 9 años en la Escuela Preparatoria Oficial número 118 en el municipio de Tlalnepantla de Baz, Estado de México. Debo mencionar que verdaderamente para mí representó un gran reto debido a que en ese entonces, jamás había pasado por mi mente la idea de convertirme en docente de una escuela.
Al estudiar la licenciatura en Periodismo y Comunicación Colectiva en la UNAM, cursé en los últimos semestres una especialidad en medios electrónicos porque me encanta la locución en radio.
La verdad es que el primer día de clases sentí cierta inseguridad porque a pesar de estar acostumbrado a hablar ante un público, no era lo mismo hacerlo frente a jóvenes que tienen ciertas ideas y comportamientos que pueden en algún momento desquiciarlo a uno. Si a esto agrego que no cuento con una preparación pedagógica para la elaboración de baterías, planeaciones y lo más difícil cómo evaluar los aspectos cuantitativos y cualitativos de los jóvenes en un salón de clases; reconozco que en algún momento opté por abandonar el trabajo.
Me atormentaba el hecho de preparar clases en materias que desconocía y que me cuesta mucho trabajo manejar los contenidos curriculares en aquéllas donde la metodología de la investigación es parte fundamental, y me cuestionaba entonces ¿qué hago aquí si finalmente decidí especializarme en otros aspectos del ámbito profesional?
La primer materia que impartí fue Métodos y Técnicas de Investigación y me costó mucho trabajo aprender a enseñar los contenidos, planear y evaluar. Al recordar ese momento me identifico mucho con la lectura de Manuel Esteves en la que señala la ambivalencia del ser docente.
Me sentía como el típico maestro que sólo llegar a improvisar porque no tiene un compromiso verdadero con la educación. Fue algo así como el “ensayo-error” de mi experiencia docente. Esto me llevó a reflexionar sobre mi papel en la educación y darme cuenta que estaba cometiendo errores. Aprendí con ayuda de algunos compañeros a romper paradigmas y organizar mis actividades diarias para poder enseñar mejor, a realizar planeaciones con bases pedagógicas y a evaluar los resultados del trabajo por parte de los alumnos.
La falta de estrategias didácticas para planear y evaluar me motivó a tal grado que poco a poco me comprometí con mi trabajo y aprendí que el ser maestro no sólo implica enseñar, sino también conocer otros puntos de vista y aprender cada día algo nuevo. Para poder evaluar el trabajo de los chicos me doy a la tarea de elaborar portafolios de evidencias y rúbricas dependiendo de la materia considerando la autoevaluación, coevaluación y evaluación del docente, y es en este documento en el que se registran los resultados obtenidos por cada alumno. Me han servido mucho los cursos de capacitación en planeación, evaluación y valores que la institución ha destinado para los maestros que conformamos la Preparatoria Oficial 118. Asimismo, la incorporación de la tecnología en las llamadas “aulas inteligentes” que permiten el desarrollo de competencias tanto en maestros y alumnos.
Me reconforta el saber que existen más compañeros que a pesar de estar en la misma situación que yo por ser universitarios, están comprometidos con el trabajo en beneficio de la comunidad escolar. También compartimos algunas preocupaciones en cuanto a los aspectos pedagógicos para planear, evaluar y desarrollar las competencias que marca la RIEMS, entre ellas una principal, que los chicos aprendan a expresarse de forma oral y escrita.
Contar con otros compañeros docentes que permiten una apertura a las distintas formas de enseñanza-aprendizaje, que dejan de lado la forma tradicional recurriendo a sus antiguos apuntes escudándose en su libertad de cátedra, porque esto nos permite crecer como profesionales de la educación y nos acerca más a la parte humana que en los últimos años se ha dejado de lado. Entendemos las preocupaciones de los alumnos y sus limitaciones para seguir adelante en este mundo globalizado en el que la tecnología nos lleva la delantera y que finalmente, reconocemos tal y como lo señala Esteves en su texto, estamos para servir.
Sabemos que el “buen maestro” se va formando con la experiencia y que como seres humanos, enfrentamos dificultades diarias en nuestro quehacer cotidiano. Entendemos bien que los grupos son distintos y con diferentes necesidades y buscamos alternativas para solucionar estos inconvenientes Estamos en el ojo del huracán porque se ha deteriorado la imagen del maestro, a veces por omisión de algunos en cuanto al desarrollo de su trabajo, en otras ocasiones; por intereses políticos, pero aún así, seguimos adelante en esta labor titánica.
Lo realmente importante radica en aquello que la experiencia y los tropiezos en la vida nos han enseñado: ser fuertes, comprometidos con nuestro trabajo y respetuosos del quehacer docente donde incluimos los valores sociales en una sociedad consumista en donde para algunos lo más importante es el dinero.
Reconozco que las actividades realizadas durante esta unidad me han permitido crearme una identidad como docente que antes no tenía. Han desarrollado en mí la capacidad de análisis y reflexión respecto a cómo se vive el trabajo del maestro en otros lugares en circunstancias similares. Qué el mundo de la docencia es inmenso y que el manejo de la tecnología nos permite estar en contacto inmediato con otros compañeros que comparten las mismas inquietudes, con el fin de buscar mejores soluciones en la práctica docente y en beneficio de los alumnos.

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